Sobre cuerdas y púas

Cuerdas

Las cuerdas de instrumentos musicales tienen dos cualidades principales, aunque no son las únicas: calidad de sonido y duración. Respecto a la calidad, suele ser directamente proporcional al precio. Hay muchas marcas  de buena calidad (Martin, Gibson, Dean Markley, d'Addario, Redwing...), y un precio similar.

Sin embargo, a nuestro juicio, las mejores de todas son las  Elixir. Tienen un sonido brillante en todos los registros, sin resultar estridentes, y con mucho cuerpo. Eso sí: valen, más o menos, el doble que las demás (unos 24 €). Tienen, además, dos peculiaridades adicionales: una, que conservan el buen sonido que tienen de nuevas durante mucho tiempo (según explica el fabricante, van recubiertas de un material especial que las protege); y, otra, que se rompen con bastante  facilidad. Realmente, es frecuente que antes de dos semanas de haya roto alguna cuerda. A pesar de esta pega, son, según creemos, las más recomendables.
Un apunte respecto al precio: a quien le puedan parecer caras las cuerdas de guitarra, puede preguntar (por curiosidad) el precio de las cuerdas de violín, y, a partir de ese día, las cuerdas de guitarra siempre le parecerán baratas.
Otro tema interesante es el de la dureza (calibre). Existen cuerdas más o menos duras. Se suele tomar como  referencia el grosor de la primera cuerda (la más fina), con valores que oscilan entre 0,10 y 0,13 (medido en milímetros). Como normales se suelen dar las de 0,11. Las de 0,10 suelen resultar excesivamente blandas, y las de 0,12 son bastante duras, y, aún más, las del 0,13.
Eso sí, todo depende del guitarrista y de la guitarra. Las cuerdas que, para uno resultan duras, para otro pueden resultar adecuadas. Igualmente, una guitarra puede funcionar mejor con un tipo de cuerdas y, otra, con otras.
En general, las cuerdas blandas tienen un sonido más débil y tienden a trastear más, con lo cual, hay que tocarlas de forma más sutil. Las más duras parecen más cuerpo y potencia, y un sonido más limpio.
También puede depender de la afinación utilizada. Por ejemplo, al utilizar la conocida afinación DADGAD, dado que hay que destensar algunas cuerdas respecto a la afinación estándar, el sonido se puede resentir. En ese caso, recomendamos utilizar alguna cuerda de un calibre superior. Por ejemplo, particularmente, utilizo cuerdas del 0,13, pero, la primera la suelo poner del 0,14, para compensar esa pérdida de tensión.  Esa cuerda del 0,14 aguanta bien si la subimos 1 tono (hasta la nota mi ), aunque, insistimos , se trata de un asunto bastante personal, y de una buena combinación guitarra-cuerdas.
Este asunto de la dureza es muy importante, puesto que, además de repercutir, directamente, en el tipo de sonido, puede afectar a la comodidad de la ejecución, puesto que, con cuerdas demasiado duras, o demasiado blandas, no es posible obtener el mejor resultado. En casos extremos el uso de cuerdas excesivamente duras, puede resultar peligroso, pudiendo provocar afecciones tales como tendinitis. Por todo ello, es recomendable hacer todas las pruebas que de crea conveniente, con el objeto de encontrar la mejor combinación (guitarra - cuerdas) posible.


Conviene comentar otro aspecto, como es el de los sonidos y ruidos provocados por los movimientos propios de la ejecución (deslizamientos, roces, chasquidos...).  No todas las marca reaccionan igual, y conviene tener en cuenta este asunto. En general, cuánto más brillante es el sonido de las cuerdas, más ruidosas suelen ser.
No es infrecuente acabar utilizando cuerdas mezcladas de diferentes marcas.
En España suele ser difícil encontrar cuerdas para instrumentos como la mandolina, el bouzpuki, etc. Conviene saber que las cuerdas so,básicamente, iguales a las de guitarra, con lo cual, se pueden utilizar, perfectamente, cuerdas de guitarra acústica. Y, si te interesa afinar tu instrumento de alguna manera particular, siempre se puede encontrar una combinación de cuerdas adecuada para cualquier caso. Por poner un ejemplo, el banjo tenor, que se suele afinar la-re-sol-do (de primera a cuarta), se puede afinar igual que la mandolina, pero en octava grave. Para ello, podemos usar las cuerdas 1ª, 2ª, 4ª y 5ª de guitarra acústica. Si la quinta queda muy destensada, se puede poner una sexta.
Un último apunte es un truco: si nuestras cuerdas son ya viejas y han perdido su brillo y calidad, se les puede alargar un poco más la vida de manera fácil: hirviéndolas, como si fueran patatas (no es necesario echarles sal). Al quedar limpias, recuperan mucho de su antiguo esplendor, aunque suele ser una segunda juventud de corta duración. Eso sí, hay que ir con cuidado al secarlas, puesto que si las estira bruscamente pueden quedar inservibles.


Púas

La elección de la púa adecuada es, también, importante. Habitualmente, las púas se clasifican según su dureza. Se las suele llamar duras, medias o blandas. Aunque, como pasaba con las cuerdas , no hay unas normas fíjas, en general, recomendamos las de dureza media. Las más blandas suelen tener problemas para extraer todo el sonido  de las cuerdas, especialmente si son duras, notándose,  esto, especialmente, en las cuerdas más graves, que tienden a sonar menos. En el otro extremo están las púas más duras, que suelen ser difíciles de manejar, por su poca flexibilidad.
Existen variantes de diferentes materiales, como las de madera o las de metal, que suelen ser poco operativas por ser poco flexibles, pero, que, en cualquier caso, quien tenga curiosidad, lo mejor es que las pruebe.
Atención especial merecen las púas de concha, habituales antaño y muy raras en la actualidad, pero que ofrecen una calidad de sonido superior, especialmente en instrumentos habitualmente melódicos, como la mandolina.
Respecto al tamaño y forma de la  púa, cada cual tiene sus preferencias. Lo único destacable es que, las de punta más afilada tienen un sonido más incisivo, y las de punta más redondeada, proporcionan un sonido más aterciopelado.
Para acabar, comentar que las púas adaptables al dedo pulgar, proporcionan un sonido claro y preciso en los bajos (hablamos de guitarra acústica), y, por ello, recomendamos, al menos, probarlas. Eso sí, si no se está acostumbrado a su uso, al principio cuesta tocar con una de estas púas, por lo que conviene practicar con ella.